<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4418349007153549026</id><updated>2011-10-04T10:56:19.998-07:00</updated><category term='Justicia humana'/><category term='La solución en sus pies.'/><category term='El Pianista'/><category term='Ni un paso en toda su vida'/><title type='text'>Mis relatos. Adrian Fonseca</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Adrian Fonseca</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04535212906827395366</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>6</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4418349007153549026.post-7232997954030449742</id><published>2011-01-07T03:31:00.001-08:00</published><updated>2011-01-07T03:32:52.968-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La solución en sus pies.'/><title type='text'>La solución en sus pies.® 2 PARTE</title><content type='html'>&lt;style&gt;@font-face {   font-family: "Cambria"; }p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 10pt; font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; }div.Section1 { page: Section1; }&lt;/style&gt;     &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;La anciana esperó en silencio, mientras un Dave demasiado confuso luchaba consigo mismo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Sabe un libro que siempre me ha gustado leer?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave dirigió su mirada hacia la anciana que con esfuerzo avanzaba hacia las estanterías. Estaba desconcertado, ¿no hablaban de su vida?. Pensó que la anciana sufría los achaques de la edad, o peor aun, y aquel sería el momento en que la mujer, Biblia en mano, le desplegaría un insoportable sermón sobre el infierno. Un sentimiento agridulce enturbió el momento, y resolvió la forma de disculparse sin ofenderla.  Ya se disponía a toser para llamar la atención de la anciana cuando ésta se volteo sonriente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¡Aquí está!. ¡El mago de Oz?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Qué?. — Ahora si que estaba confundido del todo — ¿Había dicho el mago de Oz?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Lo conoces? — preguntó la anciana mostrando una cubierta envejecida.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave asintió atónito. ¿Quién no conocía el mago de Oz?. Bueno, no es que lo hubiera leído nunca, pero había visto muchas adaptaciones en la televisión… incluso aquella tan antigua, la que tenía aquella canción tan increíble…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Está edición me la regalaron siendo yo una niña.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave la siguió con la mirada mientras la anciana volvía a sentarse, sin atreverse a interrumpirla, intrigado sobre la dirección que había tomado la conversación.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;La anciana le acercó el ejemplar, y Dave no tuvo más remedió que alargar la mano para cogerlo. Con sumo cuidado, hojeo sus páginas gastadas mientras la anciana comenzaba a hablar de nuevo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Dorothy, es una chica que vive en Kansas con sus tíos, y tiene algunos problemas de entendimiento con ellos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave sonrió al pensar que ya le había dicho que conocía la historia.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Entonces un tornado la transporta junto a su casa y su perro al mundo de Oz. ¿no era así?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;La anciana asintió complacida.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Así es. Pero cuando llega a Oz, alguien  le dice que la única persona que lo puede ayudar a volver a casa es el mago de Oz, un personaje singular. Y tras regalarle unos zapatos de charol, le indica que siga el camino de baldosas amarillas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave sin soltar la taza, se reclinó acomodándose en el sillón en el que se encontraba.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— En el camino, Dorothy vive un sinfín de aventuras, conociendo a otros personajes que con sus propios anhelos, deciden acompañarla para presentar sus peticiones al gran mago. El León que precisa de coraje, el espantapájaros que quisiera un cerebro, y el hombre de hojalata que desea profundamente disfrutar de un corazón propio.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;La anciana hizo una pausa para comprobar que Dave la seguía, y el, asintió complaciéndola.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Finalmente, cuando los cuatro amigos llegan a Oz, descubren con gran pesar que el mago no es sino un terrible fraude, y no podrá concederles sus deseos a ninguno de ellos. Obviamente, quién peor lo tenía era la muchacha, quién si nadie lo remediaba, terminaría sus días en aquella extraña tierra lejos de sus parientes ¿no crees? — preguntó a Dave.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave se encogió de hombros, dudando si no habría sido una pregunta retórica.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Bueno, si conoces la historia, recordarás que en cada aventura fue imprescindible la participación de cada uno de los personajes, en las que mostraron cualidades que les indicaba que ya poseían aquello que anhelaban. El león mostró su valentía, reflejando un gran coraje. El espantapájaros fue capaz de urdir un complicado plan para sortear alguna situación, lo que indicaba que poseía inteligencia, y por ende, cerebro. Y el hombre de hojalata, demostró en todo momento de gran sentimiento, lo que le hacía valedor de un gran corazón. Ellos siempre poseyeron esas virtudes, pero nadie nunca supo mostrárselas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave se adelantó para dejar la taza sobre la mesa sin dejar de prestar atención, con los dedos algo entumecidos por mantenerlos en la misma posición. La anciana aprovechó para descansar mientras observaba a Dave, que volvía a reclinarse sobre el asiento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Pero qué de la pequeña Dorothy? — preguntó con cierto ímpetu —¿Quién la ayudaría a ella?. ¿Recuerdas?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave reflexionó unos segundos antes de hablar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Creo que — comenzó despacio — la hada que le había dado los zapatos, apareció de nuevo. ¿No? — la anciana asintió — y le dijo… — pensó — que para volver a Kansas… …. debía … debía golpear los tacones de sus zapatos ¡Así volvería a casa! ¿verdad?. — Dave se sentía animado por haber recordado la historia, como un niño pequeño, mientras la anciana mostraba una reluciente sonrisa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Dave, tu eres como Dorothy.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;La sonrisa se le borró tras aquellas palabras ¿Qué?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Qué quiere usted decir? — preguntó lentamente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;La anciana aprovechó para volcar la tetera sobre su taza apurando las últimas gotas, mientras un sorprendido Dave la miraba con los ojos muy abiertos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Llevas mucho tiempo perdido — comenzó mientras volvía a su posición anterior — anhelando volver a casa, y buscando respuestas dónde nunca las encontrarás. Y sin embargo, tienes la solución junto a ti, de hecho la llevas encima ahora mismo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave estaba atónito, ¿de qué hablaba?. Instintivamente, Dave se palpó los bolsillos hasta sentir el pequeño libro mutilado.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Ajá — dijo la anciana asintiendo, como si supiera de que se trataba.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave metió la mano en el bolsillo, y sacando el objeto lo dejó caer sobre su regazo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— He ahí tu zapato de charol. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave no se atrevió a levantar la cabeza, mientras fijamente, miraba la pasta del librito. — Nuevo Testamento, Salmos y Proverbios – leyó.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Cómo sabía, y por que dice que…? — Dave buscaba las palabras apropiadas, y la anciana esperó pacientemente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Finalmente Dave guardó silencio.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Lo has leído alguna vez? — preguntó la anciana al fin.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave negó con la cabeza. — Alguna vez lo intenté, pero no me va demasiado la religión.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;La anciana asintió. — Bueno, realmente no va de religión.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave levantó la mirada ante aquella declaración. ¿Cómo que no va de religión?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Continuará.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4418349007153549026-7232997954030449742?l=adrianfonseca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/feeds/7232997954030449742/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4418349007153549026&amp;postID=7232997954030449742' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/7232997954030449742'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/7232997954030449742'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/2011/01/la-solucion-en-sus-pies-2-parte.html' title='La solución en sus pies.® 2 PARTE'/><author><name>Adrian Fonseca</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04535212906827395366</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4418349007153549026.post-3254354998354867476</id><published>2008-07-25T12:31:00.000-07:00</published><updated>2011-01-07T03:30:47.958-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='La solución en sus pies.'/><title type='text'>La solución en sus pies.® (revisado)</title><content type='html'>&lt;style&gt;@font-face {   font-family: "Times"; }@font-face {   font-family: "Cambria"; }p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 10pt; font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; }p { margin: 0cm 0cm 0.0001pt; font-size: 10pt; font-family: "Times New Roman"; }span.eordenaceplema {  }span.eabrv {  }span.eacep {  }span.eabrvnoedit {  }span.eejemplo {  }div.Section1 { page: Section1; }&lt;/style&gt;           &lt;style&gt;@font-face {   font-family: "Cambria"; }p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 10pt; font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; }div.Section1 { page: Section1; }&lt;/style&gt;           &lt;style&gt;@font-face {   font-family: "Cambria"; }p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal { margin: 0cm 0cm 10pt; font-size: 12pt; font-family: "Times New Roman"; }div.Section1 { page: Section1; }&lt;/style&gt;     &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave estaba desesperado. Todo le salía mal y no podía quitarse de la cabeza, que había perdido lo que más quería… y que era demasiado tarde para enmendarlo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;—¡No vuelvas hasta que cambies! — le había escupido a la cara. Algo que ahora veía imposible. Sin embargo, no siempre fue así. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Por unos momentos recordó con dolor otros tiempos más felices, y el tormento fue aun mayor. Sintió como agujas incandescentes en su corazón y no encontraba mejor solución que acabar con todo de una maldita vez. Estaba decidido... si reunía las fuerzas para ello; esa misma noche, Dave pasaría a la historia.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Se inyectó una pequeña dosis de valía bañada en miserable autoconvencimiento, y evitando pensar demasiado en lo que dejaba atrás, huyó del sucio cuartucho que tenía alquilado desde que Sarah lo había echado de su propia casa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Casi sin respirar, se dirigió al majestuoso puente que separaba la ciudad con lo demás, un orgullo local y la última parada de su paupérrima existencia. Pensaba en su vida antes de… y creyó apreciar algo en su interior que parecía empujarlo a recapacitar, tan fuerte que detuvo en seco sus pasos creyendo que alguien le gritaba. Pero estaba solo, era tarde y hacía frío, además ¿quién le iba gritar a él? Dave, el sin amigos, el sin trabajo, el sin… familia, pura escoria.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— No seas necio Dave, ¿no sabes que todo tiene solución? —. Volvió a oír otra vez.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Rápidamente se giró hacía un lado, hacia el otro, pero seguía solo. ¿Se estaba volviendo loco?... o más bien… seguro… era la llamada de aquel vicio estúpido que le había arruinado la vida.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;—¡No! —. Estaba totalmente decidido, había llegado su hora. Se palpó en el bolsillo del abrigo y al tacto de algo que abultaba, sonrió tristemente. — Aquí estás viejo amigo, tu la harás callar .&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Con dificultad, sacó la pequeña botella y empinándola sobre su cara, dejó caer el whisky más barato que había podido encontrar. Sin embargo funcionaba, no solo le hacía olvidar, sino que además mitigaba aquel frío que le tullía los huesos. Apuró el resto, y cuando la hubo vaciado del todo, la lanzó lo más lejos posible oyéndose un distante estallido de vidrios rotos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Pronto acabará todo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;No tardó mucho en divisar el puente Richmountain, una de las maravillas del estado, y el lugar ideal para dejarse caer, hablando de forma literal. Y es que  no solo era famoso por su impresionante altura, si no por que se hallaba sobre uno de los ríos con más fuerza de todo el país. Si no se mataba con el golpe seguro que acabaría ahogado, todo un consuelo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Se detuvo a escasos metros de la majestuosa infraestructura pensando en como debía proceder, calculando, previendo, tan ensimismado que no se había percatado que se encontraba parado en medio de la carretera, cuando un estruendoso claxon lo devolvió a la realidad. ¡uff, había estado cerca!.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dolorido logró reincorporarse, y lentamente se apartó de la carretera hasta llegar a una pequeña acera donde se sentó para descansar un poco. De todas formas el puente no se movería de allí, al menos durante aquel rato. Sonrió.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Tenía ganas de fumarse un pitillo y lamentó no llevar papel para hacerse uno. Sacó de su bolsillo superior la bolsa que contenía el tabaco desmenuzado, mientras suspiraba anhelando más que nunca poder fumar aquella última vez. Entonces una brillante idea se cruzó por su mente, y con una mueca divertida, sacó un pequeño librito que había encontrado en la mesita de noche de la habitación en la que residía y lo abrió. Era un nuevo testamente de esos que Los Gedeones van dejando por los hoteles, hospitales, cuarteles, etc. ... — ¡Que oportuno! — pensó.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Con suavidad, tocó cada una de las hojas preguntándose si a alguien le importaría aquello... — ¿Y por qué no? —.  Que más daba, pronto terminaría todo. Arrancó una hoja con decisión, se guardó el resto, y con la maestría de aquel que había hecho aquello muchas veces, se preparó un cigarro... un grandioso y enorme cigarrillo. Ya tenía la llama del mechero encendida cuando una delicada voz lo distrajo de lo que se proponía hacer.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Se encuentra usted bien?... ¿Le ha hecho daño aquel coche?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave se giro sin levantarse, y no pudo distinguir quién le hablaba. La luz de la farola lo tenía deslumbrado, pero la voz le sonó gastada.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Esto... — balbuceó — no... no... digo… si estoy bien, gracias.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave sonrió lastimosamente. Lo cierto es que no estaba nada bien, pero ¿a quién se lo iba a decir?. La persona avanzó un poco, y Dave agradeció que ya pudiera ver su rostro. Efectivamente era una anciana.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Lo he visto todo desde mi ventana, ahí arriba — dijo señalando el piso superior del pequeño edificio que tenían a su espalda — pero estoy mayor y he tardado un poco en bajar. ¿Seguro que se encuentra bien?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave tardó unos segundos en asentir. De una manera extrañamente desconcertante, aquella mujer denotaba sinceridad en sus palabras, y eso era una sorpresa para los tiempos que vivían.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— No, no me encuentro bien.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave se llevó rápidamente la mano a la boca. —¿Por que había dicho aquello? —. Parecía de locos, pero su  boca había tomado la determinación de ir por libre. El no quería haber dicho eso, ¿a quién le importaba como se encontraba?. Debía rectificar... ipso facto. Nuevamente abrió la boca para retractarse de lo dicho.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Mi vida es un caos .&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;¿Quién había dicho eso?. Dave lo había oído de su propia boca, sonaba como su voz, pero él no había hablado, ¿por que narices su boca no le obedecía?.  Aquella sensación no le gustaba y pensó que era mejor callar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;La abuelita lo miro con compasión, y Dave lo percibió. Se sentía desprotegido, indefenso, intimidado... pero ¿por que?, ¿sería que aquella apocada anciana le daba miedo?. Dave comenzó a temblar. La anciana sonrió aun más, y con una voz dulce pero firme, habló.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Venga conmigo joven. Le serviré una taza de té bien caliente, eso lo reanimará.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Más que desconcertado, Dave se sentía aturdido. Lentamente comenzó a reincorporarse, y como un niño recriminado la siguió sin rechistar hacia el interior del edificio.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;El apartamento no era muy grande, pero tampoco pequeño. Dave se detuvo frente a un impresionante cuadro que inundaba la pared del salón. En él la cabeza de un león se alzaba triunfante sobre una cosecha preparada para la siega.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Le gusta?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave se giró con rapidez y asintió sin poder ocultar que extrañamente se sentía avergonzado. — Si. Es…— Optó por callar al no encontrar el adjetivo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;—¿Majestuoso?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave volvió a asentir sin apartar la mirada del cuadro, y la abuela sonrió mientras dejaba la bandeja sobre una pequeña mesa en el lateral de la habitación.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;—Es un cuadro que me regaló un importante pintor. El león representa a nuestro Señor Jesucristo, y la cosecha, un mundo preparado para conocerle.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;—Dave, mostró una sonrisa forzada. Nunca le interesó demasiado la religión, pero ofenderla era lo último que querría hacer en ese momento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Mientras la anciana servía el te, Dave se fijó detenidamente en la cantidad de libros que tenía la mujer en toda la sala, y en el impresionante orden que se manifestaba en todos ellos. Estaban catalogados en cada estante por categorías, categorías identificadas por pequeños cartelitos, luego por tamaños, de mayor a menor.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Los ha leído todos?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;La anciana miró hacía lo que consideraba sus preciados tesoros, y Dave creyó ver en sus ojos un pequeño brillo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;—Es una de las pocas cosas que se puede hacer a mi edad, cuando el tiempo no acompaña ¿no cree?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave no contestó. Un gran Biblia se apostaba en una de las estanterías de forma llamativa, y recordando lo que estuvo a punto de hacer antes de que la anciana lo interrumpiera, se avergonzó.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— ¿Azúcar?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave volvió a la realidad, y acercándose a la mesa arrimó la taza hacía la anciana que con delicadeza le sirvió un terrón. Esperó a que la mujer tomara su lugar antes de dar un primer sorbo.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— No ha sido fácil su vida. ¿No es cierto?.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;Dave se sorprendió de la franqueza de la dulce mujer, y extrañado de no sentirse incómodo, percibió un intenso bienestar que había demasiado que no experimentaba. Conmovido, agachó la cabeza a la vez que suspiró profundamente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;— Lo cierto... — habló empotrándose contra las palabras — lo cierto, es que &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin: 2pt 0cm; line-height: 15pt;"&gt;no.&lt;/p&gt;   Continuará.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4418349007153549026-3254354998354867476?l=adrianfonseca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/feeds/3254354998354867476/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4418349007153549026&amp;postID=3254354998354867476' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/3254354998354867476'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/3254354998354867476'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/2008/07/la-solucin-en-sus-pies.html' title='La solución en sus pies.® (revisado)'/><author><name>Adrian Fonseca</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04535212906827395366</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4418349007153549026.post-4651774636917341611</id><published>2008-06-14T05:11:00.000-07:00</published><updated>2008-07-25T10:43:10.009-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ni un paso en toda su vida'/><title type='text'>Ni un paso en toda su vida.®</title><content type='html'>Hace casi dos mil años, vivió un hombre que, lastima de él, había nacido impedido para andar. Desde muy pequeño, su única ocupación fue mirar triste por la ventana como todos los niños del alrededor jugaban, corrían, y despotraban por doquier, mientras él, envidiaba y maldecía por su terrible situación.&lt;br /&gt;Los años pasaron, y nuestro amigo creció resignado de la vida. Como no podía trabajar para ganar su pan diario, no tuvo más remedio que darse a la mendicidad, en la puerta de los templos, en los mercados, cualquier sitio era bueno siempre que fuese un buen lugar de tránsito.&lt;br /&gt;Un buen día, encontrándose en la calle, escuchó un alboroto, y vio un tumulto que se agolpaba cerca de la plaza. Así que curioso y aburrido, decidió aproximarse para ver que ocurría. Poco a poco, y con mucho esfuerzo, fue acercándose valiéndose únicamente de sus brazos, hasta llegar a la multitud que se encontraban alrededor de dos forasteros que hablaban en alta voz...&lt;br /&gt;¡Que bonita historia que contaban!. Hablaban de alguien, un tal Jesucristo que había sido ejecutado en una cruz, y que... según decían ¡Era el Hijo de Dios, quién voluntariamente había muerto para salvación de todo aquel que creyera en Él!...&lt;br /&gt;Aquello era tan nuevo para él. Siempre había creído que había muchos dioses, pero para ser honestos, nada en la vida le había hecho agradecer nunca nada a ninguno de ellos.&lt;br /&gt;Sin embargo había algo en esas palabras,... en esos forasteros,... era tanta la autoridad de sus palabras. El pobre mendigo meditaba en esto, y distraído en sus pensamiento, sintió como en lo más profundo de su interior se levantaba una sensación extraña… como si su propia alma tuviera la certeza de que todo aquello era verdad,... ¡SÍ DEBÍA SER VERDAD!, Jesucristo, el Hijo de Dios... en ese instante, el forastero que hablaba a voz de cuello, le miró fijamente, y como si pudiese leer en su interior, le gritó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Levántate derecho sobre tus pies! -....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Basada en el Hechos 14. La Biblia)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4418349007153549026-4651774636917341611?l=adrianfonseca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/feeds/4651774636917341611/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4418349007153549026&amp;postID=4651774636917341611' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/4651774636917341611'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/4651774636917341611'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/2008/06/ni-un-paso-en-toda-su-vida.html' title='Ni un paso en toda su vida.®'/><author><name>Adrian Fonseca</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04535212906827395366</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4418349007153549026.post-6312254788665503449</id><published>2008-06-11T12:15:00.000-07:00</published><updated>2008-07-25T10:43:22.744-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Justicia humana'/><title type='text'>Justicia humana.®</title><content type='html'>Aquello era algo en lo que ella siempre chocaba. Para Inés, nunca fue demasiado dificultoso el creer en la existencia de un Dios creador, incluso no hacía mucho, había descubierto que por su gran amor fue capaz de entregar a su único hijo para librar al hombre de la condenación eterna, ¡solo porque quiso!. Tampoco tuvo problemas en aceptar que hubiera ciertas condiciones, sencillas, pero condiciones al fin y al cabo. Pero aquello era demasiado, no podía asimilarlo.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- No lo entiendo, por más que me argumentes, no lo entenderé nunca –&lt;/em&gt; Inés dijo con grandes aspavientos un tanto cansada por el debate.&lt;br /&gt;El grupo se encontraba almorzando en el amplio comedor que el albergue ponía a disposición de los clientes. Hacía rato que estaban todos sentados, pero casi obligados por el debate que se traían entre manos, nadie se atrevió a levantarse. Quique se percató de que todos en el lugar estaban pendientes de ellos, y se ruborizó un poco.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt; Mira Inés, no es cuestión de entenderlo con una mente limitada, es cuestión de fe –&lt;/em&gt; Moisés habló con dulzura.&lt;br /&gt;Inés lo miró con dureza. Le fastidiaba que la gente usara la fe para ocultarse cuando no podía explicar algo.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Quizás sea fácil para ti… -&lt;/em&gt; contestó casi suspirando.&lt;br /&gt;Moisés sonrió.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Inés, el hecho de que yo sea pastor, no quiere decir que sea fácil para mi. Te aseguro que no lo es.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;El hombre posó su mano sobre la mano de la muchacha que la tenía apoyada sobre la mesa, y ella reaccionó quitándolo.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- ¡No!. –&lt;/em&gt; sus ojos parecían arder –&lt;em&gt; no puedo aceptar que siendo un Dios tan amoroso, permita que gente buena vayan al infierno simplemente por escoger un camino equivocado. ¡No me lo creo!... ¡No lo puedo creer!.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Moisés quiso replicar una vez más, pero Rafael, que se encontraba sentado junto a él, le tocó suavemente en la pierna instándole a que le diera un poco de tregua. Moisés asintió levemente con la cabeza, y calló.&lt;br /&gt;Inés estaba verdaderamente nerviosa. Con las lágrimas saltadas, agarró su bolso en busca de un cigarro. Sabía que no eran la mejor compañía para fumarse un cigarrillo, pero lo necesitaba. Con rapidez se lo puso en la boca, y esperó antes de encenderlo, pero nadie objetó. Lo encendió, y le dio una calada profunda.&lt;br /&gt;El grupo había aceptado tener paciencia con la muchacha. Sabían que Dios la estaba tratando, y que eso necesitaba su tiempo.&lt;br /&gt;Rafael esperó a que se tranquilizara un poco, y habló pausadamente.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Inés, ¿me permites que te cuente una historia?.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La muchacha asintió.&lt;br /&gt;Rafael se puso a contar.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- En cierta ocasión, una mujer que por circunstancias de la vida había tenido que criar a su hija sola, se encontraba agobiada por los quehaceres de la casa. Para poder sobrevivir, debía trabajar cada día duramente, y al llegar a casa, aun más, debía poner todo en orden. Encargarse de las comidas, la ropa, la limpieza… y aunque su hija ya era toda una señorita, lo cierto es que no hacía mucho por ayudar. Un día de esos en los que todo se complica, no le dio tiempo a terminar de recoger la casa, así que temiendo pedirle ayuda a su hija por lo que podía formar, tuvo una idea. Le propuso cobrar veinte euros si recogía perfectamente la cocina. Pero no una pasadita rápida, ni solo fregar los platos, si no una limpieza a fondo de la cocina. La muchachita ante la perspectiva de ganarse unos euros, aceptó complacida. Así que tras aceptar mutuamente el trato, la madre salió apresurada para el trabajo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Rafael hablaba pausadamente, pendiente de que Inés entendiera todo lo que relataba.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Así que…&lt;/em&gt; - continuó –&lt;em&gt; la niña alegre por el trato, se dispuso a ponerse manos a la obra. Se dirigió a su dormitorio para ponerse algo más apropiado, y cuando quiso hacerlo, se percató de que tenía toda la ropa tirada por la habitación. – Así será difícil encontrar algo viejo – pensó. Así que con el objetivo de escoger la ropa apropiada, se dispuso a ordenar todas las prendas que allí se encontraban. Aquello le llevó unos minutos, pues era bastante el desorden, pero al fin, tenía todo organizado encima de la cama. Sabía que se iba a poner. Pero cuando ya se disponía a salir de la habitación para encargarse de la faena encomendada, pisó algo que casi la hace caer.&lt;br /&gt;- ¡Oh mi Barbie! – exclamó cuando vio que había pisado.&lt;br /&gt;Lo cierto, es que todo el suelo estaba lleno de juguetes, zapatos, revistas… aquello era una verdadera jungla de desorden. Sorprendida de que nunca antes tanto desbarajuste le hubiese llamado la atención, se dejó caer sobre la cama. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?. Así que tras meditarlo, tomó una decisión: iba poner fin a aquel desmadre.&lt;br /&gt;Con resolución, la muchacha se puso manos a la obra, y con empeño y resolución, ordenó, recogió y limpió su dormitorio con gran excelencia. ¡Que sucio estaba todo!. Se avergonzaba, pues aquello era su responsabilidad, y la había descuidado demasiado. Tardó más de lo que se esperaba, pero al fin lo consiguió, su dormitorio estaba totalmente adecentado… su madre estaría orgullosa. Cansada, miró el reloj y vio que se hacía tarde, pronto llegaría su madre. Decidió reposar de tanto esfuerzo mientras esperaba a que su progenitora llegar del trabajo, y se puso a ver la televisión.&lt;br /&gt;Su madre no tardó más de veinte minutos. Estaba totalmente agotada. Había sido uno de esos días en el que parecía que todos se ponían de acuerdo para fastidiarla, pero por fin llegaba a casa… hogar, dulce hogar.&lt;br /&gt;La muchacha, al escuchar a su madre entrar en casa, pegó un salto y salió corriendo a la entrada.&lt;br /&gt;- ¡Mamá! ¡ Mamá!, que bien que estés en casa.&lt;br /&gt;La madre sonrió mientras daba un sonoro beso a su hija, consciente de que aquello podía deberse al trato entre las dos.&lt;br /&gt;- Bueno ¿Y que tal?- preguntó la madre al fin.&lt;br /&gt;La niña estaba exultante. – Yo cumplí mi parte, ahora te toca a ti.&lt;br /&gt;La madre asintió complacida.&lt;br /&gt;- Está bien, veamos como ha quedado la cocina-&lt;br /&gt;-¡No! – contestó la hija – Al final no he recogido la cocina, he recogido mi dormitorio… pero ven a verlo, mira que gran limpieza!.&lt;br /&gt;La madre estaba atónita mientras veía como su hija corría a su dormitorio. ¿había dicho su dormitorio?.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Rafael calló durante unos segundos mientras observaba a Inés que lo miraba fijamente. Lo cierto es que todos lo miraban fijamente esperado que continuara.&lt;br /&gt;Rafael sonrió.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Inés. Imagínate que esa madre eres tú. Tienes una hija adolescente, ¿verdad?.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;La muchacha asintió.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Pues imagínate que esta es tu historia. ¿Pagarías a tu hija lo pactado?.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Inés no tardó mucho en contestar.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- No. Claro que no.&lt;br /&gt;- ¿Por qué?.&lt;br /&gt;- Pues… por que no cumplió su parte del trato.&lt;br /&gt;- Pero…. Ella limpió su dormitorio, y lo cierto es que era necesario hacerlo ¿No?.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Rafael notó que poco a poco todos comenzaban a sonreir.&lt;br /&gt;Inés lo miró fijamente.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;- Pero…. –&lt;/em&gt; no fue capaz de acabar.&lt;br /&gt;- &lt;em&gt;No era el trato ¿verdad?&lt;/em&gt; – acabó la frase Rafael.&lt;br /&gt;Inés asintió sorprendida. ¿Cómo no lo había podía entender antes?.&lt;br /&gt;-&lt;em&gt; Mira Inés. Con Dios es igual. El ha puesto sus condiciones, su forma… y son sencillas. No son las obras, aunque son buenas, ni otro camino, aunque parezca haber cientos o miles. Su palabra lo dice claro, Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Y aunque nosotros nos empeñemos en limpiar nuestro dormitorio, no es que lo que Dios ha pactado. ¿Entiendes?.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;Inés sonrió complacida. Ahora si lo había entendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;******&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;(Basada en hechos reales. Los nombres están cambiados)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4418349007153549026-6312254788665503449?l=adrianfonseca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/feeds/6312254788665503449/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4418349007153549026&amp;postID=6312254788665503449' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/6312254788665503449'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/6312254788665503449'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/2008/06/justicia-humana.html' title='Justicia humana.®'/><author><name>Adrian Fonseca</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04535212906827395366</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4418349007153549026.post-8864850635794526993</id><published>2008-06-04T23:18:00.000-07:00</published><updated>2008-07-25T10:43:35.362-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Pianista'/><title type='text'>El pianista.(2ª parte).®</title><content type='html'>&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold;font-size:130%;" &gt;2ª Parte&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Lucas, siempre te querré –&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; fue lo último que dijo. —&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; Me quedé mirando como desaparecía corriendo calle abajo, y sin más fuerza que me sostuviera, me dejé caer sentándome en medio del camino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;/span&gt;Rodrigo silbó impresionado por la intensidad de lo que oía. Realmente aquella parecía una historia de Hollywood.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Después tarde algunas semanas en volver a verla. El malasangre murió, y ellos se trasladaron a la casa que habían heredado, pero a pesar de todo, ella no se dejaba ver mucho. Por el contrario, al pimpollo, &lt;/span&gt;— repitió con complicidad —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; lo veía con frecuencia, pues pasaba muchas horas en la taberna gastando lo que ganaba en vino y juergas. Siempre que yo llegaba para trabajar, lo veía dirigirse a su casa tambaleándose. Y lo cierto es que agradecí que siempre se fuera a la misma hora, pues para nada me hubiera apetecido tocar frente a semejante mamarracho. Pasaron los meses, y la vida continuó, hasta que de repente, de nuevo comencé a verla tras el cristal, había decidido no renunciar a mí música. Yo había aceptado la situación, y no la molesté más. La veía cada viernes tras el ventanal, y yo me sentía un poco más feliz, aquel se convirtió en mi día especial. Durante mucho tiempo, la cosa fue así. Si nos veíamos en el pueblo, no cruzábamos palabra alguna, pero cada viernes ella venía a escucharme, me conformaba con eso. Pero un día no vino, y aquello me preocupó, pues había visto a su marido salir aquella tarde como tantas otras, aunque más borracho que de costumbre. Al día siguiente, pude ver a Luna en el pueblo, tenía un ojo morado, y claros signos de violencia por todo su cara. Ella por supuesto, intentó ocultarse para que no la viese en ese estado, pero la había visto. No podía permitirlo, no iba a permitirlo, en la primera ocasión ese malnacido lo iba a pagar. Pero Luna, que me conocía bien, se me acercó, y me hizo prometer que no intervendría, por muy fea que se pusieran las cosas, no podría intervenir, y yo no pude negarme. Ella sonreía, siempre sonreía, y que sonrisa.&lt;br /&gt;Sin embargo aquello se repitió en más ocasiones, y yo tuve que hacer un gran esfuerzo para no partirle la cabeza, pero se lo había prometido.&lt;br /&gt;— Tenía que haber roto mi promesa, así ella estaría viva.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Rodrigo se sorprendió una vez más.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— ¿La mató?.&lt;br /&gt;— Bueno, más bien lo dejaron en tablas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Rodrigo puso cara de no entender, y Lucas con una sonrisa triste, intentó aclarárselo.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Como te había contado, durante muchos meses Luna venía cada viernes a oírme tocar. Obviamente, aquella era una situación difícil de ocultar, sin embargo era tal el estado de embriaguez en el que su marido llegaba a casa, que tras quedarse dormido, ella podía salir tranquila, confiada en que él dormiría profundamente hasta el día siguiente. Pero en una ocasión no fue así, y el resultado fue una tremenda paliza. Aun así, ella siguió arriesgándose, a pesar de que llegó el momento en que yo mismo le pedí que cesará las escapadas. Pero no me hizo caso. Al final, él descubrió el origen de las desapariciones, y el día en cuestión, al parecer tuvieron una discusión tremenda. Los encontraron muertos en su casa uno al lado del otro. El estaba con un disparo de escopeta, y ella al lado, con un cuchillo clavado en el corazón.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Rodrigo suspiro inquieto.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Que terrible ¿no?. ¿Se sabe que ocurrió?.&lt;br /&gt;— Lo cierto es que no mucho. Aquella tarde yo me había ausentado sin poder avisar a Ramón, y ella al parecer se presentó histérica en la taberna preguntando por mí. Claro está, Ramón le dijo que no sabía donde me había metido, que nunca le había fallado, y sin dejar que el terminara la frase, salió de allí tan de prisa como había entrado. Fue el último que la vio. El, sin embargo, se había presentado en casa del carnicero ofreciéndole un jabalí que acababa de matar para vendérselo, con la condición de que el mismo carnicero se desplazara a su casa por la pieza. Este fue quien descubrió la terrible escena cuando fue a recoger el animal. Según la guardia civil, ella le disparó y el aun tuvo fuerzas para asestarle la puñalada mortal. Una verdadera tragedia… mi Luna. La hubiese hecho tan feliz.&lt;br /&gt;— Estoy seguro de ello&lt;/span&gt; — Rodrigo quiso animar.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— De todas formas, al final fui feliz. A los años me casé con una buena chica del pueblo, tuve un hijo que se ha criado bien, me quedé con la taberna cuando Ramón se quiso jubilar… todo me ha ido bien. Aunque de nuevo me encuentre solo. Mi esposa falleció hace un par de años, y mi hijo estudia en Barcelona. ¿Qué le vamos hacer?, cosas de la vida.&lt;br /&gt;Lucas suspiró, y Rodrigo creyó ver una lágrima.&lt;br /&gt;— Dios mío, ¡Ya ha amanecido! —&lt;/span&gt; exclamó.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Rodrigo se alzó para ver la ventana, y el sol ya se mostraba con esplendor. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;—Deben ser más de las seis.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Lucas se levantó resuelto de la butaca.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Bueno, debemos poner en marcha, hay un piano que afinar.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Rodrigo se sorprendió.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Mejor no, querido Lucas, ese piano no debería tocarse más.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;El tabernero sonrió, y dándole una palmada en la espalda, le habló.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Rodrigo, eres un buen tipo. Aquí siempre tendrás tu casa y un amigo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Desayunaron con ganas, y Rodrigo aprovechó para contarle un poco de su vida, aunque para él no fuera tan interesante. Al terminar, y tras liquidar su deuda, le dio un fuerte apretón de manos a su nuevo amigo.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— ¿Seguirás tu ruta hacía el próximo pueblo?.&lt;br /&gt;— No, vuelvo a casa.&lt;br /&gt;— ¿Si?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Rodrigo sonrió.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Tengo que decirle a alguien que la quiero.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Y despidiéndose una vez más, Rodrigo marchó dejando atrás al tabernero que alzando la mano, se quedaba atrás hasta que no lo pudo ver por el retrovisor.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Hasta siempre Lucas… hasta siempre Luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;****&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viernes 3 de Agosto de 1951&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;La muchacha esperaba a que su marido estuviera totalmente dormido antes de salir. Ese día había llegado especialmente ebrio, pero para esa ocasión lo considero como buena suerte, pues así su sueño sería más profundo. Mientras se arreglaba para salir, estaba pendiente de cualquier sonido sospechoso. Ya salía sigilosamente, cuando la voz la sobresaltó.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— ¿Dónde crees que vas?.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Daniel estaba apoyado sobre el quicio de la puerta, seguramente para mantenerse en pie.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Salía —&lt;/span&gt; fue lo único que atinó a decir.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Cierra la puerta —&lt;/span&gt; amenazó.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Ella obedeció, y lentamente cerró la puerta sin girarse hacía él.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— ¿Ibas a verle?.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Ella calló.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Habla mujer ¿Ibas a verle?.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;En ese momento el se abalanzó sobre ella, y dándole un enorme empujón la tiró sobre el sofá. Luna que sabía que le esperaba, se quedó en aquella posición.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;—¡Lo mataré!, ¡lo mataré hoy mismo!.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Aquello sobresaltó a la muchacha que de un salto se puso en pie encarándose a su marido.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— ¡No te atreverás!.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;El soberano golpe la tiro al suelo dejándola medio inconsciente. Cuando pudo reaccionar, vio como su marido cargaba la escopeta con dos cartuchos.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— ¡No Daniel! —&lt;/span&gt; Se reincorporó colocándose delante de la puerta de la casa.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;El la agarró con brusquedad, y tirando de ella, la arrastró hasta una de las habitaciones, donde la dejó tirada a la vez que cerraba la puerta de la habitación con llaves.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— ¡Daniel, por favor! — &lt;/span&gt;Golpeaba una y otra vez.&lt;br /&gt;Había escuchado la puerta principal cerrarse y temiéndose lo peor, se dispuso a salir de aquel lugar de la forma que fuera. No era una mujer esbelta, pero era tal la rabia, que tras unos instantes arremetiendo contra la puerta, esta terminó cediendo.&lt;br /&gt;Corrió y corrió sin permitir que las fuerzas le fallaran y al final llegó al pueblo. Rápido se dirigió a la taberna, y como una loca irrumpió en el establecimiento.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— ¡Busco a Lucas! —&lt;/span&gt;gritó entre jadeos.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Ramón tardó unos segundos en asimilar la cuestión.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— No, no… no está.&lt;br /&gt;— ¿NO ESTÁ?&lt;br /&gt;— Lo cierto es que no ha aparecido, y no es normal en el. De hecho desde que trabaja aquí, nunca ha faltado, ni siquiera ha llegado tarde… muy extra …&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Luna no esperó ni a que terminara la frase. Tal y como había llegado, salió corriendo del lugar. No sabía que hacer, decidió pasar por su casa, pero allí no había nadie tampoco. Estaba desesperada, histérica. No vio más opción que volver a casa, quizás a Daniel se le había pasado la locura, y serenándose había regresado.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Cuando llegó, vio que la escopeta se encontraba en el lugar de siempre, y quiso respirar más tranquila.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;—¿Daniel?.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Silencio.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Lentamente se acercó al arma, y tocándola notó que estaba caliente. ¡Había sido disparada!.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; &lt;/span&gt;Luna creyó desfallecer. —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; ¡No, Lucas!.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Unos segundos después, oyó como la puerta principal se abría, y en un reflejo agarró el arma apuntando en aquella dirección. Daniel apareció con la ropa toda ensangrentada, y Luna lo supo.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;—¡No Daniel!, ¿Por qué lo has hecho?&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;El marido estaba totalmente sorprendido.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Luna, baja el arma.&lt;br /&gt;— Daniel, maldito seas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;El aun afectado por los síntomas del alcohol, tardaba en reaccionar.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— ¡Luna baja el arma, que te mato!.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;En ese momento el hombre sacó un cuchillo que llevaba detrás, y que también estaba ensangrentado. Luna se percató.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;—Miserable.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Daniel se abalanzó para quitarle la escopeta justo en el momento en que una gran detonación retumbó en toda la casa. Aquel tiro mortal, no impidió que él cayera sobre ella, clavando el cuchillo en el frágil corazón de la muchacha, que tras un suspiro, cayó junto a su marido ya cadáver. Ella también había muerto.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Lucas se enteró nada más llegar a la mañana siguiente. Todo el mundo hablaba del asunto, y el creyó que su vida terminaba allí. El viernes en la mañana, había recibido un telegrama de su amigo Pierre que le indicaba que el día 3 de Agosto por la noche, actuaba en la capital con una banda de jazz, y todo fue tan precipitado que no le dio lugar a avisar a Ramón. De todas formas nunca antes le había faltado, así que supuso que no le importaría. Al parecer, fue el carnicero quién los encontró, y este le contó, que Daniel, el marido de Luna, un rato antes de encontrarlos muertos, se había presentando en su casa y le había ofrecido una buena pieza de jabalí que se había cruzado en su camino. Le había explicado que al ver tan buen ejemplar no quiso perder la oportunidad y se lanzó contra él. Regatearon sobre el precio, y concluyeron que él mismo debía ir a casa de Daniel a recoger el cuerpo del animal. Así que cuando cumplió con lo pactado, descubrió el doble crimen.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;— Aunque hay algo que nunca entenderé — &lt;/span&gt;le había dicho el carnicero en una ocasión —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; ¿Que hacía Daniel en aquel camino y con una escopeta de cartucho a esas horas?.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Pero Lucas siempre lo intuyó.&lt;br /&gt;Sí, él sabía la razón. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold"&gt;FIN&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4418349007153549026-8864850635794526993?l=adrianfonseca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/feeds/8864850635794526993/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4418349007153549026&amp;postID=8864850635794526993' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/8864850635794526993'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/8864850635794526993'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/2008/06/el-pianista-2-parte-adrian-fonseca.html' title='El pianista.(2ª parte).®'/><author><name>Adrian Fonseca</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04535212906827395366</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4418349007153549026.post-8038344099962609262</id><published>2008-06-04T23:04:00.000-07:00</published><updated>2009-02-20T03:36:22.429-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='El Pianista'/><title type='text'>El pianista.(1ª parte).®</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="FONT-WEIGHT: bold"&gt;1ª Parte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— ¡Imbeeeeeciiiiil! .&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;O eso creyó oir, mientras el auto lo adelantaba a gran velocidad por aquella mal llamada carretera. Odiaba esas vías secundarias, y lo cierto es que ni sabía por que había entrado en ella… bueno... si lo sabía, había sido por su culpa, como siempre.&lt;br /&gt;Una vez más habían vuelto a discutir. Desde hacía mucho tiempo, discutían por todo.... si él decía blanco, ella decía negro, si él a la playa, ella al campo, si el quería salir, ella prefería una tarde tranquila en casa, si él quería dulce, ella salado. Esta vez había sido sobre la cena de Nochebuena. Luisa había decidido unilateralmente que este año no comerían pavo, sino lechón, y a él, el cerdo no le hacía mucha gracia.&lt;br /&gt;Y ahora, por su culpa, iba con un mosqueo impresionante que lo mantenía distraido ¡Si hasta se había metido por aquella carretera de mala muerte casi sin darse cuenta!&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡Que asco de vida!.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo acabó resignándose. De todas maneras, las carreteras secundarias también cruzaban pueblos, y en los pueblos había tabernas, y en las tabernas había pianos, y él afinaba pianos, quizás no todo estaba perdido.&lt;br /&gt;Había decidido salir a ganarse cuatro perras ofreciendo su servicio como afinador de pianos. Y no es que sacara mucho, pero era algo que podía hacer los fines de semanas, fuera de su horario laboral, y si afinaba tres o cuatro, el viaje podía llegar a ser incluso rentable.&lt;br /&gt;Durante el resto de la semana, trabajaba como afinador de pianos en la firma Kohler Internacional de Pianos, dónde era responsable de colocar el piano en casa del cliente, y afinarlo, aunque a veces debía conducir el camión, o lo que hiciera falta. Así que entre el modesto sueldo de la Kohler Internacional, su esposa cosía para la calle, y los extras de los fines de semanas, podían sobrevivir mes a mes.&lt;br /&gt;Para esta vez, había resuelto dirigirse hacía el norte, sin embargo aquella carretera secundaria lo tenía algo despistado, y para colmo había olvidado la guía de carreteras en casa.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;— ¡Tremendo!.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Repetía cada poco mientras resoplaba exageradamente. Llevaba más de dos horas conduciendo, sin cruzar pueblo alguno, solo fincas aisladas y algún que otro pequeño núcleo de cinco o seis casas, nada donde probar fortuna. Sin añadir que el combustible no duraría para siempre, y si no hallaba un pueblo pronto, irremediablemente se encontraría tirado en la cuneta. Y Aun debió conducir media hora más, antes de divisar un nucleo habitado, justo cuando creía que todo estaba perdido. Cruzó un destartalado cartel que le daba la bienvenida, y en el que no pudo distinguir el nombre del pueblo.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;— Villac...&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Era todo lo que pudo leer en el malgastado cartel. Dió gracias al cielo por encontrar una ,justo antes de comenzar las casas, y tras repostar el vehículo, quiso informarse de si habría dónde ofrecer sus servicios.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Por supuesto que tenemos una taberna con piano, el Bar la Luna… pero, no se si le servirá de mucho…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo esperó que el muchacho terminara de explicarse, pero este se había puesto a la faena con otro coche que había entrado, y uno más apareció, así que dejándolo estar, se dirigió al centro del pueblo.... allí encontraría el Bar la Luna.&lt;br /&gt;No tardó mucho en dar con el establecimiento. Lo cierto, es que era la única taberna del pueblo, si no contamos con la casa del tío Ruano, o como allí gustaba, “Ca’Ruano”, una pequeña y antigua cuadra de puercos convertida a tasquita, donde únicamente servían vino blanco y aguardiente de garrafón.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Buenas tardes .&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo habló en voz alta queriendo ser amable con los presentes, mientras se dirigía a la barra no sin antes ubicar la situación del piano, pero nadie devolvió el saludo.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Que será – El tabernero, u&lt;/span&gt;n hombre de cierta edad, preguntó toscamente.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Si, eh…. Póngame una gaseosa &lt;/span&gt;– contestó mientras se acomodaba en un taburete &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡no!, hoy tiraré la casa por la ventana. ¡Póngame un vinito de la casa! —&lt;/span&gt; bromeó pretendiendo arrancar una sonrisa al que le atendía, pero ni por esa.&lt;br /&gt;Sin mirarlo, el hombre cogió una botella que por las marcas en el cristal se habría reutilizado muchas veces, y llenó un vaso con el oscuro líquido.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Al menos está limpio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;P&lt;/em&gt;ensó, mientras cogía el vaso que el tabernero había dejado frente a sus narices. Rodrigo bebía a buches cortos mientras observaba el local. Era un bonito establecimiento, que tenía pinta de haber sido un mejor lugar en otros tiempos. A pesar de todo tenía encanto, aunque resumía algo de nostalgia, si… definitivamente aquel era un lugar triste. En él, unos cuantos lugareños pasaban el tiempo, unos jugando al dominó, otros simplemente charlando.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿Sabe que le falta a este lugar? .&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo se giró hacía el tabernero, que quizás por no ser descortés, levantó la mirada hacía él con evidente signo de fastidio, algo que hizo dudar al afinador.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— A este lugar le falta ¡música! .&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Hablo tan alto, que hizo que todos lo mirasen, por lo que se sintió profundamente incómodo.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡Cada uno a lo suyo! – &lt;/span&gt;El hombre tras la barra alzó la voz con autoridad, y al momento, todos seguían en sus conversaciones.&lt;br /&gt;Rodrigo enmudeció ante la mirada fulminante del tabernero, y tragando saliva, quiso imponer la última palabra.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Si señor, música.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Tras hablar, vio que había desconcertado al hombre con su comentario, así que se atrevió.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; — ¿No hay nadie que toque ese viejo piano? — preguntó suavemente.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— El piano hace mucho que no se toca.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo se alegró de que al final tuviera una conversación.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡No me diga!, Que lastima… y no será… ¿es que quizás está desafinado?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡No!, ¡El piano hace mucho que no se toca por que no se toca! ¿Estamos?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo volvió a enmudecer por la rudeza del tipo, mientras pensaba como volver la conversación a su favor.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Seguro que está desafinado –&lt;/span&gt; dijo sentenciando, y volvió a beber un buche del vino, que ahora le sabía peor que antes.&lt;br /&gt;El hombre miró al piano sin pronunciar palabra, y Rodrigo creyó ver algo trágico en sus ojos, algo doloroso, mientras este seguía con la mirada perdida, quizás en el tiempo. Tardó unos segundos en volver a la realidad, y suspirando, se dispuso a llenar de vino el vaso que vacío, permanecía encima de la barra.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡No! – &lt;/span&gt;quiso decir, sin lograr impedir la acción del hombre.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— A esta invita la casa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo mostró una leve sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿No quiere que pruebe a afinarle el piano?, soy realmente económico.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El hombre sonrió al fin por su persistencia, y Rodrigo se alegró de que al menos no lo echaran de allí a patadas.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— No veo para que. Ese piano no volverá a sonar nunca más.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo había comenzado a intrigarse. ¿Por qué mantener allí un objeto que ocupaba no poco espacio, si era algo inútil?.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— No quiero parecerle descortés ni entrometido, pero ¿me permite preguntarle la razón de ello?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El hombre agachó la mirada, era obvio de que aquella conversación lo incomodaba, y Rodrigo se arrepintió de haberle hecho la pregunta. ¿Y a él que le importaba?. Desde luego era todo un entrometido.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Pasó hace demasiado tiempo ¿sabe?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Aquello interrumpió sus pensamientos, y el hombre le pareció tan frágil en ese momento, que sintió lástima por él. Calló permitiéndole que prosiguiera, aunque por unos instantes creyó que no diría nada más.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿Le gusta mi bar? –&lt;/span&gt; preguntó de repente desconcertando a Rodrigo. El hombre abría sus brazos como queriendo demostrar la grandeza del lugar –&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; pues no siempre fue mío. De hecho, yo entré a trabajar aquí con no más de catorce años. Y tampoco se llamaba Bar La Luna, era Casa Ramón, pero Bar la Luna es más de la capital ¿no le parece?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo asintió incrédulo por el giro que había tomado la conversación.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Pero, ¿le cuento un secreto? –&lt;/span&gt; y sin esperar contestación, prosiguió –&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; No se llama Bar la Luna por el astro, si no por otra cuestión.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo pensó durante unos instantes, y un rayo de luz cruzó su mente.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡Por una mujer!.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Aquella salida desconcertó al hombre que tras unos segundos serio, estalló en una carcajada que liberó a Rodrigo.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Es usted muy perspicaz amigo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Rodrigo, Rodrigo Sánchez para servirle — &lt;/span&gt;se presentó mientras le ofrecía la mano.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡Está bien Rodrigo!, yo soy Lucas Montero –&lt;/span&gt; Contestó al saludo sin cesar de reír. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;– Y tutéame hombre, me has caído simpático.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo sonrió. Lo cierto es que ahora aquel tipo le parecía agradable.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Así que Luna ¿eh?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Si señor… mi Luna. Ella fue… &lt;/span&gt;– suspiró con nostalgia sin llegar a terminar la frase.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿Era… tu mujer?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo preguntaba animado por la extroversión que manifestaba aquel tipo que hacía unos minutos, le pareció cuanto menos un ogro.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— No, ojalá – &lt;/span&gt;Habló en voz más suave, para evitar que nadie más oyera de lo que hablaban.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Yo tenía trece años, y ella quince. Era morena, casi gitana, pero con unos grandes ojos verdes que quitaban el sentío... si señor, así era Luna.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y levantando el vaso hizo un brindis al aire, gesto que correspondió Rodrigo no queriendo faltar a la memoria de nadie.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Vivían no muy lejos de la finca de mis abuelos, donde yo me crié, en unas viejas casas que nadie se dignó en restaurar después de la guerra —&lt;/span&gt; continuó —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; Lo cierto es que eran pobres hasta para ese tiempo, pero a ella eso, no le importó demasiado. Siempre sonreía. Hasta el día en que su santa madre falleció al dar a luz al pequeño de sus hermanos, ella sonreía. Recuerdo que me decía que su madre cuidaba muy bien a los pequeños, y que a partir de ese momento, podría cuidar al niño Jesús. Y que sonrisa tenía.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo oía el relato casi sin pestañear. De vez en cuando, pegaba un pequeño sorbo a la bebida, pero sin distraerse. El hombre metió la mano bajo el mostrador y sacando otro vaso de cristal, se sirvió un poco de vino para él, no antes de volver a llenar el vaso de Rodrigo que está vez no puso ninguna objeción.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Yo sin embargo, no me puedo quejar de mi crianza, a pesar de los tiempos. — continuó &lt;/span&gt;tas aclararse la garganta &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Mis abuelos tenían una gran finca que proveía a la familia del sustento necesario, ya que mi padre había caído en la guerra. Además, mi madre, que se empeñó que tuviera una buena educación, se encargó de que yo pudiera disfrutar de clases particulares de piano, literatura o matemáticas. Aunque mi gran pasión fue el piano. ¡Como me gustaba tocarlo!, de hecho fui un alumno muy aventajado, o al menos eso decía siempre mi profesor — sonrió al recordar esto último —pero las cosas comenzaron a ir mal de repente. Embargaron a mis abuelos las tierras por cuestiones que nunca entendí, y al poco tiempo, todos tuvimos que arrimar el hombro para poder llegar a fin de mes. ¡Cosas de la vida!. De disfrutar de cierta comodidad a tener que buscar trabajo para poder llevarte un mendrugo de pan a la boca. Al menos, aquella obsesión de mi querida madre por una buena educación, me sirvió para colocarme en el bar del pueblo. Ramón el posadero del pueblo, quiso dar un toque de distinción a su establecimiento, así que compró un piano, y como necesitaba a alguien que lo pusiera en marcha, como el siempre decía, me contrató a mí —&lt;/span&gt; se señaló con el pulgar &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;—. Aquel trabajo me gustaba de veraz, y es que te paguen por hacer lo que te gusta no es moco de pavo ¿eh?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo sonrió una vez más. Le pareció increíble que quién tenía delante hubiera sido pianista, y con disimulo, observó sus manos durante unos segundos. Eran toscas y curtidas. Si aquel hombre tocó alguna vez el piano, hubo de ser hacía mucho, mucho tiempo.&lt;br /&gt;El tabernero a su vez, miraba el gran ventanal del fondo, pensativo, y Rodrigo se giró para mirar hacía la misma dirección.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— La recuerdo sentada fuera del local escuchando mi música cada noche. &lt;/span&gt;— dijo retomando la conversación al punto anterior —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;. Ella se colocaba cerca del gran ventanal junto al piano, y yo la observaba mientras tocaba, era mi musa, mi inspiración. En más de una ocasión su padre había aparecido de repente, y yo los veía discutir, y es que se escapaba de casa para poder oírme. Aquello enfurecía a su padre, que en más de una ocasión le levantó su mano… pero nunca llegó a tocarla… hasta aquel día…. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Son cincuenta pesetas, Curro. – &lt;/span&gt;El tabernero habló al anciano que esperaba paciente frente la barra para abonar su consumición, ante la sorpresa de Rodrigo que no se lo esperaba a su lado.&lt;br /&gt;Cuando el tabernero le hubo dado el cambio, prosiguió.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Ya llevaba más de tres años trabajando como pianista aquí, y Luna había pasado de ser una guapa adolescente a una joven con una belleza proverbial. Cada noche, seguía ocupando su lugar para oír a su pianista, como me llamaba, tocar para ella, y es que eso hacía, no importaba cuanto público pudiera haber en la taberna, yo siempre tocaba para ella. Realmente estábamos enamorados. Su padre, quizás por resignación, la dejaba hacer, y yo era muy feliz. Pero la noche en que todo comenzó, yo pude ver como el desgraciado se acercaba por detrás increpándola como hiciera tantas veces tiempo atrás, y Luna una vez más, discutió con él, pero ya no como una niña frágil, si no como la mujer que era. Su padre no lo resistió, y le asestó un puñetazo que la tiró al suelo. —&lt;/span&gt; hizo una pausa &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— En ese momento… algo estalló en mi ser, y sin pensarlo, salí del local con tal furia que del golpe que le propiné, el hombre salió despedido varios metros hacia la calle —&lt;/span&gt; dio un sonoro manotazo en la barra que sobresaltó a los que allí estaban, y se avergonzó por su falta de dominio—. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;El hecho de que estuviera totalmente ebrio, y que el primer golpe casi lo había noqueado, no me impidió el volver a cargar contra él, que inmóvil no hacía nada por evitar los puñetazos en su cara. Si no me hubiesen detenido, no se que hubiera pasado… seguramente lo habría matado allí mismo. —&lt;/span&gt;agacho la cabeza apesumbrado —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Estaba completamente fuera de mí, y mientras, Luna lloraba desconsoladamente, no se si por el golpe recibido, o por la posibilidad de que yo pudiera matar a su padre. Pero como alguien dijo en cierta ocasión, mi gran error fue no haber acabado con él en aquel momento. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El hombre sonrió de forma forzada, consciente de que aquello había sonado realmente mal.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Al padre de Luna lo conocían como el malasangre, adjetivo que no requería muchas explicaciones, y la gente le tenía sino miedo, al menos se le procuraba guardar ciertas distancias&lt;/span&gt; — se explicó para justificar sus palabras —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;. Por eso, todos me animaron a que me fuera del pueblo una temporada. Mi abuelo, mi tío Perico, que era el farmacéutico del pueblo, Ramón el tabernero, incluso Luna, que además fue la que más insistió. Estaba segura de que si no me marchaba, su padre me mataría en la primera ocasión. Suerte, que por la paliza pasaría un par de días en cama, pero no tendría mucho más tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo no se había percatado de que se le había echado la tarde encima, y que la taberna para ese momento, ya se encontraba casi vacía.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡Madre, que tarde es! – &lt;/span&gt;exclamó al mirar el reloj. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;– ¿Hay alguna pensión en el pueblo?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Si, si te gustan las chinches.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo puso cara de disgusto, y el tabernero sonrió.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Quizás… deba entonces —&lt;/span&gt; titubeo indeciso.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Hagamos una cosa— &lt;/span&gt;el tabernero habló impulsivamente —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; como me caes bien, y me pareces de fiar, yo te alquiló una habitación de mi casa por una noche por el importe de lo que te pudieran cobrar en la pensión, ¿te parece bien?, al menos tendrás la seguridad de que duermes en un sitio limpio.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo aceptó la propuesta con agrado, y correspondió con una sonrisa el apretón de manos que el hombre le ofrecía. Además así tendría la oportunidad de escuchar más sobre su historia, y eso lo animó.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿Tienes hambre?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Si un poco —&lt;/span&gt; Contestó humildemente.&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; — aunque aun es algo temprano.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Pamplinas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo sonreía avergonzado. Se sintió descubierto, y mientras observaba como el tabernero despachaba a los clientes que aun quedaban, se apretó el estómago con el propósito de acallarlo un poco.&lt;br /&gt;—&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; Te voy a preparar unos huevos con chorizos que te mantendrán despierto toda la noche —&lt;/span&gt; Dijo de forma jocosa mientras se aseguraba que las puertas del establecimiento quedaban bien cerrada.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Lucas, ¿no te importa cerrar tan temprano?, ¡no son más de las nueve! —&lt;/span&gt; dijo con prudencia.&lt;br /&gt;El tabernero sonrió.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— No te preocupes, en este pueblo nadie sale más tarde de las diez de la noche, ni siquiera en viernes, y los jóvenes, prefieren ir a otros pueblos donde hay locales de bailoteo, tu me entiendes&lt;/span&gt; —contestó generosamente —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;así que si cierro hoy un poco antes, te aseguro que nadie se dará ni cuenta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo lo acompaño un par de calles más abajo, a una casa de tamaño mediano, pero que le pareció más que suficiente para una persona sola.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿Vives solo?. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Bueno, yo y Sebastián.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo asintió&lt;br /&gt;El tabernero entró en la casa y guió a Rodrigo a la que sería su habitación. Era una habitación decorada para un muchacho, y observó una foto que había encima de la encimera con el retrato de un joven.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿Es Sebastián? ¿No le importará que yo duerma en su habitación?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El tabernero prorrumpió en una tremenda carcajada ante la sorpresa de Rodrigo que sonreía confundido.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;—El es Toño, mi hijo. Estudia en Barcelona. ¡Sebastián es mi gato!.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo rió con ganas, y al momento se sintió mejor. Pensó en lo increíble que era el poder de la risa.&lt;br /&gt;Se pudo asear un poco, y minutos después se encontraba en la cocina observando como su anfitrión freía un par de huevos con enorme maestría.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Me fui a Barcelona, ¿sabes?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿Qué? — &lt;/span&gt;Rodrigo preguntó.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Que después del incidente con el malasangre, me fui a Barcelona.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo ya ubicado, asintió en señal de aprobación,&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Así que allí me encontraba yo. Diecisiete años, veintiuna pesetas, y un billete de tren hasta Barcelona. Un familiar de mi padre, había accedido a ayudarme si me trasladaba a aquella ciudad, y mi madre decidió que era un buen lugar para empezar de nuevo. Claro estaba, esa no era mi intención, sino que mi plan era el de esperar a que las aguas se calmaran y después regresaría de nuevo al pueblo, junto a mi Luna —&lt;/span&gt; continuó mientras invitaba a Rodrigo a pasar a la pequeña salita-comedor —. &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Este familiar, era un tipo aburguesado, o por lo menos eso aparentaba, aunque lo cierto es que conocía a mucha gente en la ciudad, así que además de alojarme, me consiguió trabajo como camarero en la conocida Sala Sol del Barri Gòtic. ¿Conoces Barcelona?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Si, he estado un par de veces.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿Y la Sala Sol?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Me temo que no, lo siento.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Claro que no, hace mucho que la cerraron. ¡Que estúpido soy!.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo sonrió mientras mojaba un poco de pan en el plato.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Era la mejor, quizás no la más grande, pero sin duda la mejor. Comencé justo al día siguiente de llegar, cosa que me vino bien, así no tendría tiempo de devanarme los sesos. El empleo no estaba mal, y aunque trabajaba prácticamente de sol a sol, no me importaba, tenía una razón para ser fuerte. Además cada dos semanas más o menos, recibía carta de Luna, lo que me alentaba a continuar. De vez en cuando, también recibía carta de mi madre. Ella me informaba de como iban las cosas por allí, y me advertía una y otra vez que no se me ocurriera volver mientras ese hombre viviera. A su vez, yo contaba las horas de cada día anhelando el momento en que volviera a ver a mi amor, pero el tiempo pasaba, y pasaba. Había decidido ocupar la mayor parte de mis horas en mis obligaciones laborales, aunque todo no era tan crudo. Aquel lugar era reconocido por sus espectáculos, y cada sábado, una orquesta tocaba de forma magistral todo tipo de música, y entonces, las mesas se quedaban vacías mientras todos bailaban. Yo disfrutaba de esos momentos, pues a parte de darnos un respiro, me gustaba ver a los muchachos tocar en directo. El resto de la semana, un pianista amenizaba la velada con piezas de una música que no había escuchado en mi vida, el jazz. Nos hicimos muy amigos, Pierre y yo. El pianista, Pierre, era francés, aunque no se llamaba Pierre ¿sabes?, pero como al parecer era un nombre muy común en Francia, todos lo llamábamos Pierre.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo sonrió.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;—Pero lo mejor de echar tantas horas extras, era la compensación económica, por supuesto. A su vez, yo había decidido vivir con lo mínimo, y no malgastar nada. Si quería casarme nada más regresar, iba a necesitar todo el dinero que pudiera ganar mientras estuviera allí. Y las cartas de Luna seguían viniendo con la misma regularidad, y yo trabajaba y trabajaba, y así era mi vida. Lo único que me sacaba de la rutina, eran las clases de piano que mi amigo Pierre me aportaba gratuitamente, y que me introdujo en los conceptos de aquella música extranjera, eso y la correspondencia —&lt;/span&gt;hizo una pausa para servir un poco de vino a Rodrigo.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Pero como a los dos años de estar en Barcelona, las cartas de Luna dejaron de llegar. Aquello me preocupó hasta la desesperación, pero no tanto como cuando comenzaron a devolverme las que yo le escribía. Me creía volver loco. No sabía si estaba enferma, si había ocurrido alguna desgracia, si no quería saber más de mi… no sabía nada de nada. También intenté escribir a mi tío pidiendo información, a mi madre, pero nadie decía nada, fue horrible. Alguna vez, pensé en volver al pueblo para verla, pero entonces, oportunamente siempre recibía carta de mi madre, que una vez más me advertía que si volvía aquel hombre me mataría, como si me leyera el pensamiento desde el pueblo. Aun aguanté un año más allí, casi en la locura por no saber de quién amaba desde hacía tanto. Y ya había decidido enfrentarme a mi destino, cuando la fortuna pareció sonreírme. Recibí una carta de mi tío Perico en la que me informaba de la grave enfermedad del malasangre, y al que según el médico del pueblo, solo le quedaban días, o a lo más semanas. Yo claro está, y que Dios me perdone, me alegre. No era cuestión de desearle mal a nadie, pero era él o yo. ¿No crees? —&lt;/span&gt; preguntó en forma desenfadada.&lt;br /&gt;Rodrigo prefirió no contestar, y encogió los hombros. Lucas rió celebrando su honestidad.&lt;br /&gt;—&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; ¿Y que ocurrió, estaba Luna enferma? —.&lt;/span&gt; Preguntó para desviar la atención de su persona.&lt;br /&gt;El tabernero se dejó reposar sobre el asiento, y tras respirar profundamente, habló.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— No, pero para mí hubiera sido mejor. Ella… se había casado.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo no se lo esperó, y con los ojos muy abiertos, manifestó la sorpresa que le había ocasionado aquel descubrimiento. A Lucas, el pequeño hombre le agradó más aun, y pensó que realmente era una persona sencilla.&lt;br /&gt;—&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Así es amigo mío. Yo me quedé igual cuando me enteré. —&lt;/span&gt; sonrió.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Estaba… casada — &lt;/span&gt;Rodrigo repitió lentamente.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;—A los dos días de recibir la carta, yo estaba de vuelta en el tren que me traía de Barcelona. Y aunque el malasangre seguía vivo, según mi tío no tendría mucho cuerpo para enfrentarse a nadie. Atrás quedaba el trabajo duro, la Sala Sol, Pierre, y la agonía por la distancia. Estaba feliz por volver. Recuerdo que era sábado cuando llegue, y todo el mundo esperaba en casa. Mis madre, mis amigos, mi tío perico y otros familiares, incluso Ramón, pero no estaba Luna. Y a pesar de la alegría de haber vuelto, y de la fiesta que me habían organizado, yo estaba nervioso, necesitaba verla. Y fue entonces cuando me enteré. Había salido a tomar un poco el fresco a la terraza mientras disfrutaba de un poco de sangría, cuando mi tío perico se me acercó.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Lucas —&lt;/span&gt; me dijo —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; me alegro mucho de que hayas vuelto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Yo intenté sonreír, pero no pude.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Tienes que olvidarla. &lt;/span&gt;— Aquello me sorprendió. Había sonado a sentencia.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Pero Tío…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡No Lucas!, no lo entiendes.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Tío me casaré con ella, lo he planeado todo. ¡He ahorrado mucho dinero!.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡Lucas!, ella… ella ya está casada.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;En ese instante me sentí morir. Realmente noté la presión en el corazón, y por unos instantes creí que había enfermado. Me senté para no desmayarme, y allí delante de mi tío, lloré.&lt;br /&gt;Rodrigo callaba con gran solemnidad, quizás afectado por el relato.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Bueno, es un poco tarde ¿no?. —&lt;/span&gt;Lucas habló mientras se levantaba para recoger los platos de la mesa.&lt;br /&gt;Rodrigo necesitó unos segundos para volver a la realidad.&lt;br /&gt;—&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; Si, es tarde. Mañana quisiera salir temprano, debo encontrar algún piano que afinar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Mientras ayudaba a Lucas a recoger la mesa, Rodrigo seguía pensando en el relato, y en lo difícil que le tuvo que ser.&lt;br /&gt;Realmente estaba cansado, y agradecía una cama decente para pasar la noche, y es que había algunas pensiones. Dio las buenas noches al hombre que le había alquilado la habitación, y cerrando la puerta, no pudo dejar de pensar en Luna. ¿Qué le habría pasado por la cabeza para hacer algo así?. Si realmente estaban tan enamorados, ¿Por qué terminar así?.&lt;br /&gt;Recordó el día que conoció a su propia mujer, y lo vio tan diferente a como se encontraban ahora. Y aunque algunas veces dudaba si la quería, estaba seguro de haber estado enamorado de ella. También estaba seguro de que ella estaba enamorada de él. Entonces, ¿Qué les había pasado?. Mientras se dormía, recordó tantos buenos momentos que habían tenido. En el fondo sabía que la quería.&lt;br /&gt;No sabía que tiempo había dormido, pero aun era de noche. Se asomó por la ventana, y todo estaba oscuro e inmóvil. Se levantó buscando el reloj que había dejado encima de la cómoda.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡Son las cuatro de la mañana!.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Sintió que se desvelaba y pensó en tomar un poco de leche. No creyó que a Lucas eso lo molestara. Con cuidado, y tentando todo para no chocarse, caminó por aquella casa desconocida hasta encontrar la puerta de la cocina. Buscó el interruptor de la luz, y tras encenderla, esperó a escuchar algún sonido por si hubiese despertado al dueño. Metió la cabeza en el refrigerador en busca del líquido blanco cuando una voz lo sobresaltó.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿No podías dormir?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo cerró rápidamente el refrigerador, avergonzado por haber sido pillado.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— No. Había pensado en tomar un poco de leche, si no te importa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Claro que no. Todo lo contrario, me parece una idea genial. Yo también me suelo desvelar por la noche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Y acercándose al refrigerador, agarró una botella de leche que había en una bandeja inferior. A los pocos segundos, la leche se calentaba a fuego lento en un viejo cazo de metal.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿Demasiadas preocupaciones? —&lt;/span&gt; Lucas preguntó sin querer parecer demasiado entrometido.&lt;br /&gt;Rodrigo respondió con una sonrisa triste, y el hombre asintió. Sirvió la leche en un par de tazas, y las llevó a la salita-comedor, en donde podrían sentarse cómodamente.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿La volviste a ver?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¿ A Luna?.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo asintió mientras le daba un pequeño sorbo a la taza que ahora quemaba demasiado.&lt;br /&gt;—&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; Claro, la vi muchas veces, aunque no al principio. Al parecer, su padre consciente de la enfermedad que le comía la vida, había decidido organizar la vida de su hija para que no quedara desamparada. Obviamente, en esos planes yo no aparecía por ningún lado, pero si un pimpollo que se dedicaba al trapicheo, y al que no le iban mal las cosas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo sonrió al oír el adjetivo que había usado para describirlo.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;—Nada más casarse, se habían ido a vivir a un pueblo de Córdoba, creo, por eso tarde en verla. A los pocos días de llegar, Ramón, que había tenido el piano prácticamente sin tocar todo aquel tiempo... ¡Porque no había encontrado al pianista idóneo!. ¡El que tenía un oído enfrente a otro! —&lt;/span&gt; exclamó con gracia, y Rodrigo rio con ganas —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; me contrató. Así que de nuevo me encontraba trabajando de pianista en la taberna, aunque con más experiencia y conocimientos que antes de marcharme. Incluso me atrevía a tocar de vez en cuando alguna pieza de jazz, tal y como Pierre me había enseñado, aunque claro está, eso era algo difícil de apreciar por estos lares. Pero cosas de la vida, cierto día en la que tocaba una pieza de jazz, un par de parejas jóvenes de la capital o de algún pueblo más grande, me escucharon tocar y se decidieron a entrar en la taberna. Aquello fue todo un acontecimiento, y ni siquiera Ramón sabía como tratarlos, ¡fue toda una novedad!. Sin embargo, la novedad se convirtió en la normalidad. La voz se corrió, y aquellos jóvenes trajeron a otros jóvenes, y no tan jóvenes, y la taberna comenzó a tener vida. Ramón contrató a un par de camareros que sirvieran las copas más rápidamente, ¡y hasta me subió el sueldo! Una noche, mientras interpretaba una pieza para mi público, me pareció ver un reflejo de fuera sentada tras el ventanal. Me pareció imposible, y nada más terminar de tocar, salí corriendo al exterior, pero allí no había nadie. Pensé que mi imaginación me había jugado una mala pasada. Pero a la mañana siguiente, oí el rumor de que Luna y su marido habían venido a cuidar al malasangre en sus últimos días de vida. Mi corazón dio un vuelco. De verdad había sido ella. Pasé el resto del día con gran nerviosismo, y a la noche, casi no podía tocar, más pendiente de la ventana que del propio piano. Pero esa noche no vino, ni la siguiente, ni la siguiente. Una semana después, y mientras tocaba, creí ver de refilón una figura que se usaba de las sombras para pasar desapercibida, y dejando de tocar, salí corriendo ante la sorpresa de todos, que atónitos observaban como su pianista desaparecía. Cuando llegué al lugar, ya no estaba, pero vi a alguien que se perdía en la noche, y corrí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡Luna, espera!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— ¡Lucas! –&lt;/span&gt; Se volteó sorprendida – &lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;creía que no te habías dado cuenta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Luna… estás preciosa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;La chica sonrió tristemente.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Solo quería oír tú música de nuevo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— No Luna, sigue siendo tu música.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— No digas eso, ahora pertenezco a alguien, ahora estoy…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;Lucas le puso un dedo en los labios para que callara.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Siempre creí que pertenecemos a quienes nos entregamos por propia voluntad.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Pero es que así fue –&lt;/span&gt; Luna casi protestó.&lt;br /&gt;Lucas la sostuvo por los brazos.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Mírame a los ojos y dime que le quieres.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Oh, Lucas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Luna, te he añorado tanto.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Lucas le sonreía, y ella se veía tan frágil.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Lucas no podemos… yo no puedo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;El muchacho quiso refutar, pero la voz le salió quebrada.&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Pero Luna…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Luna comenzó a retroceder lentamente, alejándose cada vez más del muchacho que inmóvil, veía como la esperanza de ser feliz se desvanecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt;— Lucas, siempre te querré –&lt;/span&gt; fue lo último que dijo. —&lt;span style="FONT-STYLE: italic"&gt; Me quedé mirando como desaparecía corriendo calle abajo, y sin más fuerza que me sostuviera, me dejé caer sentándome en medio del camino.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Rodrigo silbó impresionado por la intensidad de lo que oía. Realmente aquella parecía una historia de Hollywood.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;continuará....&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4418349007153549026-8038344099962609262?l=adrianfonseca.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/feeds/8038344099962609262/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=4418349007153549026&amp;postID=8038344099962609262' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/8038344099962609262'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4418349007153549026/posts/default/8038344099962609262'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://adrianfonseca.blogspot.com/2008/06/el-pianista-1-parte-adrian-fonseca.html' title='El pianista.(1ª parte).®'/><author><name>Adrian Fonseca</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04535212906827395366</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
